Arquitectura chilena: Adiós a un defensor del patrimonio moderno

por Aura Barrenechea D.
Fuente: El Mercurio, 9 de Mayo del 2002

Pionero en difundir este tipo de obras, Manuel Moreno deja tras su partida un legado de publicaciones que perpetuarán su cruzada arquitectónica.

En la parroquia San Juan, en Vitacura, se llenó la nave y cada rincón para despedir a Manuel Moreno Guerrero, arquitecto y celoso defensor del patrimonio moderno chileno. A pocas cuadras de la casa en la que vivió largo tiempo, y donde enfrentó la última crisis de un cáncer óseo que lo afectaba hacía nueve años.

Optó porque todos sus tratamientos médicos se le hicieran en Chile y así salvó con éxito situaciones delicadas. Pero, en esta oportunidad, sintió que su cuerpo ya tenía un desgaste fuerte y prefirió no ir a una clínica, para permanecer en el ambiente propio del hogar, junto a su mujer y sus tres hijos.

Quienes asistieron al templo, lo escucharon llenarse con las palabras de Fernando Pérez, ex decano de arquitectura en la Universidad Católica, donde Manuel Moreno impartió -entre otras- la cátedra de Patrimonio Moderno, tema que le apasionó desde su memoria de título.

Fue un hombre “capaz de relacionarse con tantos en tantas condiciones”, resaltó Pérez, aludiendo a los múltiples talentos del arquitecto y al vigor de su personalidad inquieta; “era un crítico agudo, investigador intuitivo, escritor y lector empedernido”.

La lucha patrimonial

Las obras pueden suceder a un arquitecto y superar la fragilidad humana. En el caso de Moreno, en su productiva carrera sobresale una lista de edificaciones educacionales que, entre otras, incluye el reciclaje del aula magna y la biblioteca de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, trabajo en sociedad con el arquitecto Humberto Eliash.

Junto a él, Manuel Moreno realizó publicaciones en que imprimió su deseo de proteger a una arquitectura levantada entre los años 30 y 60, la que veía amenazada por el crecimiento de la ciudad, ésa que a él lo atraía al punto de autodefinirse como “un animal urbano”.

Eliash, amigo de Moreno y compañero de largas conversaciones, coincidió con él en la creación del libro “Arquitectura Moderna Chilena, Testimonio y Reflexiones”. Cinco años después publicaron “Arquitectura y Modernidad en Chile 1925-1965, una Realidad Múltiple”.

La labor de estudio y difusión continuó. Así, el 2000, en “Monumentos y sitios de Chile”, por primera vez una publicación dedicada al patrimonio incluyó un capítulo sobre la arquitectura moderna.

El convencimiento de que nuestro pueblo “ha sido muy descuidado con su patrimonio”, impulsó a Manuel Moreno a defender ese capital. “Este es un país de 200 años de vida independiente y hay 70 que no están siendo considerados en este aspecto; tenemos una labor titánica, porque aquí hay que esperar cinco décadas para que una idea prenda”, declaró en una oportunidad.

Cuenta Eliash que era muy informado, “sabía con exactitud qué se estaba haciendo en la ciudad y qué se estaba demoliendo”. A través de 20 años hizo un amplio archivo de fotos y retrató toda obra que viera amenazada para, al menos, guardar un registro. Asimismo, enviaba cartas a los diarios para advertir el daño que implicaba la demolición de una construcción valiosa. “Manuel quería hacer visible esas obras que estaban ahí y nadie las veía”.

Le gustaban los pioneros, como Sergio Larraín, Fernando Castillo, Jorge Aguirre o Emilio Duhart y, cada vez que pudo, grabadora en mano partía a entrevistarlos.

Apreciaba las edificaciones modernas porque estimaba que eran fieles al espíritu de los materiales, e “incorporan un mundo de transparencia, integran exterior e interior y, lo más importante, hicieron que la clase media viviera con comodidades; en esa época afloran nuevas tipologías y surge la arquitectura cívica e institucional”.

Moreno defendía como patrimonio edificaciones “de calidad constructiva en relación a la jerarquía del edificio y con la capacidad de perdurar en el tiempo”. Sentía especial admiración, entre otros, por la iglesia y el monasterio de los Benedictinos, y destacaba que fuera la única obra moderna entre los más de 400 monumentos nacionales.

Ángel Cabeza, Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, compartía con Moreno la preocupación por proteger el legado arquitectónico de la modernidad, conciderando que es el “más victimizado” y propenso a desaparecer.

“Son las obras más afectas a ser remodeladas o demolidas, porque como son tan recientes, la sociedad no ha aquilatado su importancia”, asegura.

Por eso, Cabeza considera grande la pérdida de una figura como Manuel Moreno y espera que ojalá entre sus propios alumnos nazca el impulso de luchar y la responsabilidad de cuidar “aquellos ejemplos de arquitectura moderna que hay que traspasar a las otras generaciones”.

Trayectoria profesional

Manuel Moreno se recibió de arquitecto en la Universidad de Chile. En 1977, obtuvo el “Premio Decano del Canto”, dado por el Colegio de Arquitectos al mejor proyecto de título de las universidades chilenas.

Su producción es variada e incluye viviendas, industrias, edificios de oficinas, reciclajes arquitectónicos y obras de diseño urbano. También desarrolló actividad académica y realizó publicaciones; libros y artículos de revistas, en Chile y el extranjero, muchos dedicados al tema patrimonial. Entre otras actividades, en 1994 fue asesor de la comisión de redacción de la Nueva Ley de Patrimonio de Chile. En 1998 es nombrado miembro de ICOMOS Chile (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios).

Volver